Valonia existe

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Estación de trenes de Guillemins, en Lieja.

Pocos países tienen tantos contrastes en tan poco espacio territorial como Bélgica. Al norte Flandes, donde las casas típicas flamencas se conjuntan con los canales, bicicletas, molinos y, como no, el flamenco. Al sur, Valonia, el patito feo del país. Ciudades desconocidas para el turismo en general, que ofrecen una diversidad de culturas y razas, donde se huele a Francia casi en cada esquina. Y en el centro, la región de Bruselas, en la que conviven Valonia y Flandes en torno a la capital de Europa. En definitiva, un país que hay que visitar, pero que el paseo queda incompleto si el turista lo enfoca únicamente a Brujas, Gantes o Amberes y no descubre la otra cara con urbes como Lieja o Charleroi, que si bien carecen de la belleza del norte aportan otros alicientes igual de interesantes.

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Las ciudades

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Castillo de Gante.

Las ciudades son como las mujeres o los hombres. Me explico. Una mujer puede ser más bonita, pero te puede gustar otra por diferentes cualidades. Lo mismo pasa con dos ciudades belgas. Brujas es más bonita, pero a mi me gusta más Gante por esas otras cualidades. Pasear por la primera es como hacerlo por un cuento: canales limpios, casas típicas flamencas y un amplio patrimonio histórico. “Si es la Venecia del norte”, me recalca un señor en una cafetería cuando le digo que prefiero la segunda. Pero es que Brujas no tiene vida. O por lo menos no la misma que Gante, que además de canales, casas coquetas y patrimonio histórico, ofrece bullicio, movimiento, jóvenes y mayores circulando en bicicletas por las calles o terrazas repletas de personas que disfrutan de los rayos de sol que de vez en cuando aparecen de entre las nubes. Es como ese dicho que señala que lo importante está en el interior de las personas. En ese caso, Brujas carece de ese interior que posee Gante.