Los viajes y la comida (I)

Buda reclinado de Bago.

Buda reclinado de Bago.

Hace un par de semanas escuché al periodista Paco Nadal hablar de la comida birmana en el programa La Ventana de la Cadena Ser. Entonces me vino a la mente uno de esos momentos gloriosos que tienen los viajes: ese sitio en el que comes algo que recordarás toda tu vida. En Birmania me ocurrió en Bago. Aquel día me había despertado temprano para comprar el billete y así seguir mi viaje esa misma noche a Mandalay. Para llegar a la estación de trenes tuve que pasar una calle repleta de charcos por la tormenta que había caído la noche anterior. El edificio estaba casi en ruinas, o esa era mi percepción. Dentro me di cuenta de que los horarios no cuadraban con los míos, por lo que finalmente escogí la opción de ir en guagua. El siguiente paso fue alquilar una mototaxi para un par de horas y así conocer la ciudad. Me costó unos minutos hasta que me ofrecieron llevarme por unos siete u ocho euros. Read More

Anuncios

Adiós a otro mundo

birmania10

Llegó la hora de regresar. Y con ello el momento de darle a las manecillas del reloj unas décadas para adelante, quizás tres o cuatro, para así volver a la realidad. Atrás quedan imágenes como las del sendero entre Kalaw y el Lago Inle durante el cual conocimos la forma de vivir en las zonas rurales de Myanmar. En estos poblados las cañas de bambú sostienen las casas de dos plantas que salpican los aproximadamente sesenta kilómetros del camino.

Read More

Birmania ya no es Birmania

birmania9

Decenas de personas frente a una tienda de la Sule Paya Road de Rangún a la espera de escuchar su nombre para poder entrar a comprar una tarjeta SIM.

Son las 20.25 horas del jueves 3 de septiembre. Una chica de unos 20 años se sienta en la butaca C7 del destartalado tren que conecta Rangún con Mawlamyine. En sus manos lleva un móvil de última generación de la marca china Huawei. Al encender la pantalla, abre de inmediato el Facebook. Curiosea entre sus contactos. Miles de caracteres ininteligibles para los extranjeros aparecen en una pantalla de unas cinco pulgadas. Ve fotos, vídeos y algún que otro dibujo. Dos filas más adelante, una pareja se hace una autofoto (si quieren digan selfie) con el teléfono inteligente de él. Lo hace, probablemente, para enviarla a los amigos o para subirla a las redes sociales. “Empezando el viaje a…” puede ser el inicio del texto que acompañe a la imagen.
Read More

Vivir en otro siglo

birmania6

Cuando en algunos viajes se dice que uno siente que ha retrocedido varias décadas, aunque no haya vivido en esos años, esta quizás pueda ser una de las imágenes que defina esta expresión. Acabábamos de empezar el último día de senderismo cuando una carreta de madera tirada por bueyes (o eso creo) se nos cruzó en el camino. Delante, un hombre con un gorro típico guiaba a los animales hacia su destino. Detrás, una pequeña, sentada junto a los bidones que transportaban, miraba a otro grupo de turistas extenuados que lo único que deseaban aquel día era llegar al Lago Inle para acabar los tres días de ‘trekking’. En pleno siglo XXI, en algunas zonas de Birmania (Myanmar) este medio de transporte sigue a la orden del día. En estos lugares apenas se ven vehículos motorizados de cuatro ruedas. En cambio, las motocicletas aparecen en todas los ciudades del país que visitamos excepto en la antigua capital, Rangún. Cuentan que un alto cargo militar las prohibió después de que recibiera amenazas desde una de ellas.

*Texto escrito el 25 de septiembre de 2014

Hasta siempre

birmania5

Aquella noche habíamos dormido en una cabaña de madera. Lo único que nos separaba del duro suelo era una manta que amortiguaba nuestros movimientos. Eso no impedía que los huesos cada dos por tres enviaran una señal de dolor al cerebro. Sin embargo, merecía la pena sufrir para seguir el camino. Ya por la mañana recargamos energías con uno de los mejores desayunos de todo el viaje. Parecía increíble que en medio de aquella aldea birmana entre Kalaw y el Lago Inle, en la que no vivirían más de cien personas, nos pudieran ofrecer semejante manjar. Y lo hacíamos bajo una ligera brisa que refrescaba el ambiente.

Read More

Cazador cazado

birmania4

Llevábamos como unas cinco horas caminando después de salir de Kalaw y pasar por lo que ellos denominan como jungla: un bosque frondoso y embarrado por las lluvias que casi diariamente caen durante la época del monzón en Birmania. Fue precisamente la lluvia, y también los chillidos de los niños, lo que hizo que nos refugiáramos en uno de los innumerables colegios unitarios con los que nos topamos durante los tres días de senderismo. Allí estaban ellos, divididos por edades, en cuatro o cinco aulas. En una de ellas unos estudiaban inglés. En otra habitación, de poco más de 20 metros cuadrados, una decena de chiquillos leía un texto de la pizarra vertical apoyada en una ventana. Una profesora, palo en malo, no dudaba en atizar a uno de sus alumnos que, por lo que se veía, mantenía un comportamiento inapropiado. Y en la sala de los más mayores estaba esta niña, quién con una cámara de juguete retrataba a los siete turistas que por allí pasaban. Eran casi las tres de la tarde. Pocos minutos después, los más pequeños cogían la mochila, se la colgaban al hombro y corrían descalzos bajo el agua que seguía cayendo para, como cada día, abandonar la escuela.

Infancia universal

birmania3

En un pueblo llamado algo así como Maintai (Birmania) los niños juegan al fútbol en la estación de trenes mientras esperan la llegada del ferrocarril. A un lado, unos sacos y una latas marcan los postes de la portería, y al otro la señal que informa de la parada se convierte en el objetivo a batir. A pocos metros de allí una decena de niñas danzan sobre una comba. Los juegos infantiles no conocen fronteras, son idénticos en todo el mundo, ya sea en una aldea birmana perdida en medio de la nada o en un barrio de Las Palmas de Gran Canaria.

*Texto escrito el 15 de septiembre de 2014